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Lunes, 21 de Julio de 2008




PROSIR cumple un año apoyando refugiados

Juan Salazar: "Haciéndole la pega al Estado"

Chile no esta preparado. Yo diría que hay instituciones solidarias capaces de desprenderse, de acoger, pero son las mínimas. Como país nos quedamos en las buenas intenciones. De hecho con los yugoslavos el proceso fue un fracaso en términos de reasentamiento. Hoy en día con los palestinos que vienen de Irak al parecer será distinto porque hay más planificación y apoyo de varias municipalidades. Sin embargo en otros casos no es así.


Juan Salazar Fernández dirige actualmente el Programa de Servicio de Integración para Refugiados (PROSIR) que cuenta con el apoyo de la Iglesia Metodista de Chile como del Servicio Mundial de Iglesias. En agosto próximo esta iniciativa cumplirá un año formalmente. Sin embargo, la historia comenzó mucho antes.

Recuerda que en 1998, cuando llegó a trabajar a FASIC, se  le encomendó hacer un diagnóstico de la realidad de las migraciones en Chile con el fin de  proponer por dónde la institución podía hacer una tarea concreta de trabajo y solidaridad con aquellos. El estudio arrojó que los migrantes estaban concentrados fundamentalmente en Santiago y que solamente la iglesia católica tenía una experiencia de trabajo con ellos por intermedio de la Vicaría de la Pastoral Social. En el caso del mundo evangélico, era nulo o muy poco el  trabajo con aquellos. Vista esta realidad FASIC decide comenzar a realizar un trabajo en el norte, específicamente con refugiados, en la puerta de entrada de nuestro país.

El objetivo inicial fue realizar sensibilización con las comunidades cristianas para que ellas acogieran y acompañaran el proceso de los refugiados que llegaban hasta sus comunidades. También se abrió una oficina en donde se brindó información y orientación social y legal para ayudarlos a insertarse en Chile.

Junto a la Red Ecuménica para refugiados, migrantes y desplazados otro diagnóstico de ese momento indicaba que el mayor problema en América Latina se radicaba en Colombia por el alto número de desplazados internos como por el aumento de solicitantes de refugio en los diversos países latinoamericanos.

“Frente a esta situación –nos comenta Salazar- vimos la necesidad de hacer algo concreto frente a esta realidad y como Red Ecuménica realizamos una propuesta al Servicio Mundial de Iglesias para implementar una mejor coordinación con las familias que estaban ligadas a la Red Ecuménica en Colombia y poder sacar algunas familias que estaban en una situación de crisis”.

Ese primer proyecto con el Servicio Mundial de Iglesias duro un año y atendió los primeros casos desde esta coordinación de instituciones. Sin embargo, la realidad los sobrepaso, principalmente por el tema financiero.

“Inicialmente el proyecto contemplaba apoyar familias con dos o tres integrantes pero llegaron familias más numerosas que nos llevó todo el presupuesto. También, en teoría teníamos presupuestado que en tres meses las familias lograban ubicarse y tener cierta autonomía para emprender alguna iniciativa de auto sustento pero nos dimos cuenta que eso era imposible en tan poco tiempo”, recuerda Juan Salazar.

- ¿Esta es la antesala para crear PROSIR?

- Sí. A partir de esa experiencia se vio necesario hacer un proyecto más grande y se planteo esto al Servicio Mundial de Iglesias los que luego de un análisis y conversaciones decidieron desarrollar con FASIC este trabajo. Nosotros planteamos también que era necesario realizar esto con la Iglesia Metodista de Chile ya que consideramos que un trabajo así no es posible sin las comunidades cristianas. Entonces firmamos un convenio y definimos que vamos a trabajar con personas que ya tengan el estatus de refugiados y no así con los solicitantes. Definimos que trabajaríamos tanto en Santiago como en Arica. Formalmente este trabajo comenzó en agosto del 2007.

- ¿Por qué FASIC decide trabajar estos nuevos temas como el refugio?

- En realidad no es un tema nuevo. FASIC como institución surge frente a una necesidad concreta, en un contexto delimitado en el país en el año 75. En ese contexto hay una respuesta común frente a la necesidad de las personas que están en situación de riesgo. Inicialmente la tarea de FASIC fue establecer todo un programa de coordinación con muchas otras instituciones para garantizar la salida y seguridad de muchos chilenos hacia el extranjero para que estos se exiliaran y solicitaran refugio en otro país. Si te fijas hay una conexión. La diferencia es que ahora apoyamos a los refugiados de otros países que vienen al país. Es una suerte de devuelta de mano con toda la solidaridad que recibieron tantos chilenos en el exilio.

- ¿Qué  objetivos se plantea el Programa?

- El objetivo mayor del programa es buscar la integración de las familias que están refugiadas. El diagnóstico que nosotros hacemos de estas familias, que están con el estatus de refugiados, es que las propias iniciativas que ellos tengan, el mayor o menor apoyo que reciben de alguna institución formal o informal, la mayor o menor ayuda que reciban del gobierno o de ACNUR; no es suficiente para garantizar una buena integración. La apuesta del programa es complementar iniciativas de gestión y de autogestión que realizan las familias para que ellas efectivamente salgan adelante.

-¿Con qué realidad se han encontrado con los refugiados?

- Se supone que muchas familias ya llevan años en Chile y tienen resuelto algunos temas como la vivienda, el colegio de los hijos, pero muchos resulta que no logran mejorar su situación y se encuentran estancados. En algunos casos están bajo la línea de la pobreza  y no tienen buenas oportunidades. Entonces lo que nosotros queremos hacer es posibilitar oportunidades a partir de una orientación, de un capital mínimo, que les permita desarrollar iniciativas de microemprendimiento.

- A un año del funcionamiento del programa ¿Qué evaluación hacen hasta el momento?

- Hacemos una evaluación positiva. Hemos logrado en muchos casos establecer la integración. De veinte casos con los que trabajamos hay varios que ya están egresando del programa en donde ya se ha cumplido el proceso de acompañamiento y de definiciones del microemprendimiento que ellos van a realizar. Como trabajamos con personas los éxitos dependen de la experiencia que tenga cada uno, de las capacidades y de las motivaciones de querer salir adelante. De todos los casos, afortunadamente, el cincuenta por ciento es gente que quiere salir adelante y basta sólo el empujón. Pero también hay personas que están más afectadas anímicamente y psicológicamente que sus problemas les impiden, por muy buenas intenciones que tengan, salir adelantes. Hay otros que tienen las ganas pero no tienen las capacidades. Por eso, en algunos casos, hemos tenido que priorizar el tema de la salud mental antes que el microemprendimiento. El FASIC, a través de su equipo de Salud Mental esta apoyando estos casos que no los teníamos contemplados en un principio. También nos hemos dado cuenta que por la cantidad de tareas que demanda este programa el equipo mínimo que trabaja muchas veces ya no da abasto. Con respecto a las comunidades cristianas ha sido lento el proceso de integración ya que estas no tienen como prioridad estos temas y por lo tanto deberemos seguir haciendo sensibilización hacia ellos.

Los solidarios son los mínimos

-¿Chile esta preparado para ser país de acogida?

- A mi juicio, Chile no esta preparado. Yo diría que hay instituciones solidarias capaces de desprenderse, de acoger, pero son las mínimas. Como país nos quedamos en las buenas intenciones. De hecho con los yugoslavos el proceso fue un fracaso en términos de reasentamiento. Hoy en día con los palestinos que vienen de Irak al parecer será distinto porque hay más planificación y apoyo de varias municipalidades. Sin embargo en otros casos no es así.

-¿Qué le falta a Chile para mejorar esto?

- Lo primero debe implementar una legislación clara y de apoyo; que facilite la integración de los refugiados. Hasta el momento eso esta en debate. Instituciones como la nuestra en términos prácticos le está haciendo la pega al Estado y al Estado, el trabajo que realiza PROSIR, no le cuesta ningún peso. Todo es gracias a la cooperación internacional. Con el gobierno existe una buena comunicación pero  nada más que eso. Otro tema, muy concreto, es el tema de la documentación, por ejemplo. Los plazos son extremadamente largos para conseguir primero refugio y después para pedir residencia permanente. En estos casos las personas no tienen su carnet de identidad al día quedando en una situación similar o peor que cuando son solicitantes. En ese sentido, Chile tiene mucho que hacer todavía para acoger y facilitar todo el proceso que implica el tema de los refugiados.

- ¿Los chilenos acogen bien a estas personas?

- Lo que ellos nos cuentan es que hay de todo. Los solidarios son los mínimos. Hay gente que ha abierto sus casas de una manera linda. Pero también están otros que se han aprovechado de su situación en el tema laboral pagándoles sueldos bajos y haciéndolos trabajar más allá del horario normal. Otra gente es apática con ellos.

- ¿Qué sugerencia nos daría para ser más acogedores con los refugiados?

- Lo ideal es que no vean al refugiado como un extraño sino como una persona que por necesidad a pedido refugio en nuestro país. No es una amenaza. No es un enemigo. No es alguien a quien temer. Vienen a nuestro país a buscar una oportunidad y un espacio para sus familias. Ellos dicen que Chile es un país tranquilo y que prefieren esta situación aunque a veces no tengan que comer. Las personas que han podido establecer un vínculo con ellos se dan cuenta que quieren salir adelante y lo que piden de todos nosotros es un apoyo mínimo. El acompañamiento, a veces tan básico como eso. Hay personas que quieren tan solo tener alguien con quien conversar. Imagínate, tan simple como eso.

 

Comunicaciones FASIC