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PATIO 29: UNA ANGUSTIOSA ESPERA.
Familiares de víctimas del Patio 29 se aprontan a recibir una de las noticias más importantes respecto al paradero de sus familiares. Recogimos testimonios de dos mujeres que han tenido que pararse una y otra vez, dejar botadas familias enteras y estar al borde de la locura no sólo por como perdieron a sus seres queridos bajo la dictadura militar, sino porque a más de treinta años de ocurridos los hechos, aún no saben donde están sus cuerpos.
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Diciembre es el inicio de la entrega de informaciones claves para los familiares de víctimas del Patio 29. El Gobierno dio a conocer los resultados de la auditoria que estuvo en manos de expertos extranjeros; y si bien, los antecedentes que fueron entregados al juez Alejandro Gajardo se remitieron a dilucidar los errores que se cometieron en los procedimientos de identificaciones de los cuerpos, las conclusiones fueron y serán decidoras para los familiares.
En medio de la espera acompañamos a estas personas, conversamos sobre sus penas e ilusiones. Compartimos un día de playa y otro de asamblea. Fuimos testigos de cómo a pesar de su sufrimiento y del daño que se les causó no guardan rencor ni odio. De hecho cuando recogimos sus testimonios, Pinochet se encontraba hospitalizado. Ellos no deseaban su deceso, pues la consigna generalizada es “no hagas a otros lo que no te gustaría que hicieran a ti” y por que a pesar de creer y querer la justicia y verdad, están convencidos que “la justicia divina” se encargará de pasar la cuenta.
Muchos a raíz del golpe que provocó la noticia de las irregularidades se encuentran en tratamiento psicológico y psiquiátrico. Es el caso de Liliana González y de Silvia Vargas, dos mujeres de distintas generaciones pero con una realidad parecida, la desaparición y muerte de un ser querido bajo la dictadura militar.
Vidas que tienen un denominador común y que junto a otros integrante de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos de Paine uno de lo sectores que más víctimas dejó la represión del régimen militar compartieron un día de relajo en la Quinta Región. Allí hicieron un alto en su lucha de buscar la verdad y justicia, por un día se olvidaron de las penas, amarguras y angustias dejadas por la dictadura. Claro que sólo por un momento, pues ya entrada la tarde y en la compañía de un café, vuelven a aflorar los temas en común y por ende las emociones que por años los han acompañado.
Esposas, madres, hijas-hijos y nietos, familias enteras son las víctimas en vida que dejó el régimen de Pinochet. Pérdidas que han significado huellas profundas entre sus familiares y de eso sabe muy bien Patricia González Araya, quien perdió a su padre el 22 de octubre de 1973, cuando ella tenía sólo 6 años; por años vivió con un bonito recuerdo de su papá, pero en el año 88 con el ministro Hermosilla se encontraron- con las primeras exhumaciones- que la tumba que era de su padre estaba enterrado un indigente con una data de muerte de dos a tres años. Ahí comenzó la pesadilla para esta familia. Primero y tras las diligencias hechas por su abogado (Nelson Caucoto, FASIC), se enteraron que el padre de Patricia estuvo efectivamente en la tumba que exhumó Hermosilla, pero que el cuerpo fue sacado y cremado en el año 1978. De ahí a la fecha no se ha sabido nada sobre su paradero.
Se ha reabierto una nueva herida en Patricia, quien sabe de depresiones y de estar al borde de la locura por la forma en que le quitaron a su padre y por el daño que han provocado las “seguidillas de mentiras” e irregularidades entorno a su sepultura. Por ello pide a las autoridades “respeto y prudencia en las identidades de los cuerpos”.
El caso de la señora Silvia (63) no es menos espantoso y angustiante: perdió a su hermano menor en 1973, cuando él tenía 23 años. Fue el primer detenido desaparecido de Paine. Su búsqueda dejó varias víctimas en el camino, su madre que era inválida, tras perder la razón por la desaparición de su hijo, falleció.
Sólo a comienzo de los 90 fueron entregadas las osamentas. Pero ese hecho era lejos el final de una angustiosa espera.
En el año 2004 se les avisó que el cuerpo sería exhumado. Ahí fue que Silvia y su familia se llevaron una gran sorpresa, el ataúd donde supuestamente se encontraba su hermano estaba completamente vacío. Desde entonces ha tenido que pasar por varias decepciones con respecto al paradero del cuerpo de su hermano. A la fecha está a la espera de un tercer análisis de parte del Servicio Médico Legal (SML). “Estamos en la Incertidumbre total y creemos que si los nuevos procedimientos dieran que el cuerpo que se encuentra en el Servicio no es el de mi hermano, lo perdemos para siempre...” señala con mucha angustia, la señora Silvia.
Ella ha participado en varias reuniones que ha sostenido el Gobierno con los peritos extranjeros, representando a los familiares de Paine. Se nota una mujer que está al tanto de los pasos que se vienen, Muy segura señala que la tan ansiada verdad se sabrá recién en dos a tres años más.
La verdad y la justicia llegarán para Patricia, Silvia y todos los familiares de víctimas del Patio 29, una vez que puedan dar una justa sepultura a sus seres queridos. Por ahora los mosaicos y cerámicas que crean y pintan como parte de la terapia que imparten psicólogas y psiquiatras de FASIC, como una manera de demostrar el recuerdo hacia ellos, pareciera ser el único aliento.
Si no hubiera tanto dolor de por medio, se hablaría de una comedia de equivocaciones. Lo único claro es que la promesa de aclarar el destino de un millar de chilenos desvanecidos por la dictadura sigue siendo una deuda pendiente.
Comunicaciones FASIC
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