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Viernes, 20 de Junio de 2008




Arica,  ciudad de integración

Creer que las personas refugiadas son solo un problema o una carga en lo económico para la ciudad, es un grave error.

Si fuéramos más comunitarios, amigables entre nosotras y nosotros mismos, la historia de esta ciudad sería otra.

Las familias refugiadas son una realidad en Arica. Están entre nosotros y nosotras, están en las calles, viven en nuestras poblaciones, transitan libremente. Pero solos.

Un compromiso con un programa, recursos y equipo para ejecutar la tarea. En Arica existen dos organizaciones con experiencias para acompañar a personas refugiadas.    

El potencial organizacional en ambas es suficiente para garantizar una parte de la integración, pero la limitación de los recursos dificultan la tarea y provocan  permanentemente frustración tanto en las familias acompañadas, como en los encargados de ejecutar las tareas en las organizaciones.  Falta una alianza y un rol más protagónico no solo del Gobierno Regional, sino también de toda la ciudadanía. La primera tarea en esta alianza es erradicar la ignorancia sobre el refugio.

Los  y las refugiadas son personas, con derechos humanos universales. Vienen con historias interrumpidas forzosamente,  muchos de ellos y ellas ya marginados en su propia tierra. Salen de su país y están en el nuestro contra su voluntad: ellos y ellas quieren vivir en su tierra, con su gente. Aquí: ARICA CIUDAD DE INTEGRACIÓN, puede jugar un rol fundamental para estas personas y familias.

Aprender a mirarlos no como a extraños, como amenaza es uno de los principales desafíos en todos los niveles, especialmente, donde ellos y ellas se relacionan por trabajo.

Son aceptados por el Estado Chileno, el que se compromete a dar REFUGIO: amparo, abrigo, protección, resguardo, patrocinio. Esta aún es una deuda pendiente.  No hay relación entre el compromiso de país de acogida en el convenio ante el ACNUR y la realidad que experimentamos a diario con las personas que trabajamos.  El gobierno, ACNUR y nosotros sabemos que dos años para esperar la respuesta a la solicitud de Refugio es demasiado tiempo. Existe un vacío de desprotección e impotencia en los refugiados, porque a pesar de tener un documento que les acredita que son solicitantes de refugio y un documento que señala que pueden trabajar, en la práctica nadie les da un trabajo formal. Por no tener una cédula de identidad chilena, por dos años, no pueden ingresar al sistema. No son nada en lo previsional, en salud, en educación.  Y esta vulnerabilidad es aprovechada por algunos empresarios inescrupulosos.

Ahora estamos siendo testigos que la misma vulnerabilidad la están viviendo nuevamente las personas que han cumplido los dos primeros años de refugio.

Para acceder a la Residencia permanente, el trámite está durando  más de un año y todo indica que el tiempo será más largo aún.

Esto hay que superarlo, si queremos realmente mejorar la integración:

A través de ley de refugio, aun pendiente.

A través de la información y capacitación de todos los organismos de servicio público con los cuales se relacionan las familias refugiadas.

A través de un compromiso humanitario que nos recuerde permanentemente que miles de nuestros compatriotas un día experimentaron también el exilio, el refugio.

Por Juan Salazar Fernández, Encargado Programa de Migraciones y Refugio de FASIC y Coordinador del Programa de Servicio de Integración para Refugiados, PROSIR